domingo, 7 de junio de 2020
lunes, 11 de mayo de 2020
EL DIARIO DEL AÑO DE LA PESTE
EL DIARIO DEL AÑO DE LA PESTE (1)
Carlos Liendro
Cuando
algunos comunicadores repiten que ‘el gobierno necesita más tiempo’, no se dan
cuenta que no solo es el tiempo por el coronavirus, sino el tiempo de la
economía. El gobierno ha previsto, dentro de lo que le han dejado del sistema
de salud desmantelado, (el mejor ejemplo es el Instituto Malbrán, donde fueron
despedidos la mitad del personal en la era macrista) lo que podría hacer en
caso de que el pico de contagios por coronavirus crezca.
Los epidemiólogos e
infectólogos esperan ese crecimiento para mayo. Es decir: aún falta lo peor. La
gente- y no es por los medios de comunicación- ha entendido en su mayoría de lo
terrible que es esta pandemia. Pero eso sucede en los sectores medios,
‘ilustrados’, informados y qué toman conciencia que este virus no es broma. Ha
podido diferenciar que viene de afuera, que aislando a los que llegan, eso
puede controlarse. El punto serio y fatal que surgió, es que varios de los que
han vuelto de Europa ó EEUU, no han dicho que estuvieron afuera. Son conocidos
por la TV, al principio como algo grotesco y luego como dramático, los que
llegaban y luego iban a una fiesta. La TV amarilla que necesita de esto se
encarga como siempre de confundir un poco más: como el caso del ‘surfista’, que
venía de Brasil, atravesó la frontera (que no estaba en ese momento cerrada). Crónica
Tv transmitía en vivo (como se hacen la mayoría de los medios, en los puentes y
autopistas para entrar a CABA) y le ponía ‘zócalos’, hasta concluir la
historieta, cuando decía que se había dado a la fuga. De Flores (donde lo
derivaron porque declaró que tenía domicilio allí) se fue a la costa.
Los canales
porteños marcan la agenda diaria y por suerte mucha gente ha optado en esta
cuarentena, apagar la tele. Es lo que reconocieron como otra infección:
defenderse de que les sigan metiendo miedo y angustia. Justamente lo que no
informan es lo que lo que está sucediendo: a) la muerte de mujeres asesinadas
por sus parejas (van siete en este período) b) la situación de las cárceles (ya
hubo amotinamientos en varias provincias) c) las condiciones que siguen igual
con el pueblo Wichi en Salta d) las consecuencias económicas del coronavirus en
la Argentina y el mundo.
Los opinólogos, los de la patria
panelista (algún día la gente deberá saber cuánto plata juntan las productoras
para armar esos programas y cuánto ganan quienes están allí. Sería una forma de
ver que son una empresa con intereses y dividendos), ya han incorporado médicos
que están todo el día.
A veces la gente tiene poca memoria,(ó “el público se renueva”, como dice una
diva, que está bien ‘guardada’; y nos permite mostrar un mapa de regiones dónde
no hay infectados según el nivel social económico) pero debe saber que esos
‘profesionales de la salud’ han ocupado cargos ministeriales, legislativos,
empresariales (hay uno que ha estado en Italia como senador para Latinoamérica
y está hasta los domingos). Nuevos charlatanes que saben que no solo el
coronavirus es una cuestión de infectología, sino social y política. Siguen
dando cifras- como resultados deportivos- pero no dicen nada de lo que está
sucediendo en otros sectores sociales. Tienen
en su cabeza solo un imaginario: creer que toda la gente piensa como ellos y
que puede tener acceso a los privilegios que tienen. Un simple ejemplo sería el
agua y el trabajo. Nada de esto se pregunta. No surgen dudas. Todo es uniforme.
Es esto lo que hay que desmitificar. Toda estructura sanitaria tiene una base
económica que debe conducir el Estado. Y esto es lo que no les gusta a los
liberales- conservadores. Por eso han buscado siempre reducir el Estado. Aún
esos médicos no hablan de los sectores que viven al día, de los que tienen que
hacer colas para buscar un plato de comida. Hay más de seis millones de pobres,
en una pobreza estructural (incluidos los pueblos originarios)
Por suerte
entre las cosas positivas existen las redes sociales. Así lo han demostrado
profesionales de la salud (médicos, enfermeros, laboratoristas, personal de limpieza,
voluntarios), de Trabajo social, de salud mental. No todo es TV.
Entre lo que
ha quedado fuera de foco (deja de ser tema central en los medios) es el tema
que en enero el centralismo porteño comenzaba a informarse: la situación de
miles de personas en las regiones del norte salteño, con la muerte de niños
argentinos wichis. En la conciencia moral empezaba a instalarse un tema que
para muchos no existía (si no está en tele no existe), pero fue desplazado con
esta pandemia. Se habían iniciado y dicho algunas mejoras, como los pozos de
agua, pero siempre hay que recordar que eso no alcanza. No es solo una cuestión
de ingeniería sanitaria. Es ya una cuestión de descolonización. ¿Ninguna
organización, institución, puede hacer un inventario o garantizar que lo que
está destinado a los Wichis, realmente llegue? Porque de anuncios no solo vive
el hombre. El desarrollo que necesita esa región no es con los desmontes, donde
las ganancias quedan para los empresarios que luego se meten a hacer política.
La literatura
siempre supo explicarnos qué sucedieron con las pestes durante la historia de
la humanidad, y de cómo el hombre pudo salir adelante. Desde Bocaccio, Daniel
De Foe (autor de ‘El diario del año de la peste’, publicado en 1722), hasta
Albert Camus ó Gabo García Marquéz, han relatado en sus novelas estas profundas
cuestiones. En su libro ‘La peste’, Camus (Nobel de Literatura, 1957) nos deja
estas palabras: “lo peor de la peste no
es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser
horroroso”.
Carlos Liendro
(1) aparecido en Salta Libre, diario de Salta. marzo 2020
VOLVER AL FUTURO
VOLVER AL FUTURO (1)
Carlos Liendro
Fue por 1980
cuando lo modelos neoliberales del norte decretaron el fin del Estado de Bienestar.
Toda la economía debía quedar a manos del mercado. Habían logrado imponer las
teorías de las escuelas del liberalismo en el primer mundo. En Latinoamérica,
siempre como campo de laboratorio experimental, llegó con la década del 90, luego de los
golpes militares de Estado.
Terminada la
Segunda Guerra Mundial, la economía del mundo (menos EEUU) estaba destruida. Debía empezar a
reconstruirse.
La experiencia del la economía keynesiana en la ‘gran depresión’
norteamericana (durante la década del 30) permitió que puedan volver a crecer
económicamente. Era la intervención del Estado en la obra pública, en la salud,
la educación, la vivienda, a través del trabajo. Era una inversión a favor de
la gente, del desarrollo de los pueblos.
Por 1945, se puede afirmar que nace el
Estado de Bienestar. El derecho económico a poder tener un mínimo beneficio
desde el empleo, desde una cobertura social y educacional. Esto permitía el
crecimiento. El Estado garantizaba esos derechos. Las teorías de los liberales (Hayek), sus empresas, sus maneras de
hacer ganancias no habían desaparecido. Esperaban su turno. Ante
determinadas crisis (del petróleo, como ejemplo, suba y baja de precios en la
década del 70) volvían a aparecer.
Va a exisitr
un antes y un después luego de esta pandemia mundial. Se siente crujir la
economía del mundo y los poderosos de la tierra, como siempre, no van a querer
pagarla. El Financial Times, un
diario inglés de economía, viene adelantando estos temas: “Se requieren reformas radicales para forjar una sociedad que funcione
para todos”, pero no está hablando de ‘los radicales’ que han abandonando
las banderas de Yrigoyen (armando una alianza en Cambiemos, con tal de seguir
teniendo su tajada de poder). El diario más importante de finanzas en Europa,
lo dice así de simple: los gobiernos deberán
tener más intervención desde el Estado, buscando la manera de obtener mayores
impuestos a la renta y la riqueza. El coronavirus ha dejado al desnudo las
desigualdades existentes en la población.
Argentina
que todavía no ha podido arreglar su gran deuda externa, ha quedado otra vez en
la encrucijada. Algo que no entienden los técnicos vernáculos de la economía formados
en la escuela neoliberal de Chicago (y que tuvo sus maestros en el país con
Martínez de Hoz, Cavallo, Sturzenegger y toda la cría). Donde ellos imponen la
economía sobre la política, y desean un país para cinco millones de argentinos,
no más. Por eso la gente que repite ese dato: “Argentina estaba entre los primeros países del mundo a principio del
siglo XX, antes que Australia y Canadá”, y cree que se debe volver a eso, no
sabe cuántos habitantes había antes de que el país cumpliera sus primeros cien
años. El modelo agro- exportador que organizó nuestra oligarquía desde 1880,
era un país granero (trigo y vacas), colonia de Inglaterra (dentro de la
división mundial del trabajo que se habían trazado las potencias de ese tiempo),
donde la riqueza quedaba en pocas manos. Tal vez necesitaron mano de obra, y
entre 1890 y 1920 la población se triplicó con italianos, españoles, sirios-
libaneses. No imaginaron que los hijos de esos inmigrantes empezarían a buscar
un país para todos, no para una elite.
El gobierno
ha podido llevar adelante con las medidas preventivas de la cuarentena, un
inmenso paso para lo que se viene; pero
si se debe reconocer el error con lo que sucedió el viernes 3 de abril, se
tiene que tener en cuenta cuál fue también la responsabilidad de los bancos.
Lamentablemente las imágenes de ver a los abuelos (a las familias más
necesitadas que salieron a buscar dinero, porque ya no tenían otro ingreso, no como
otro sector social que puede esperar en u casa), y las críticas de los comunicadores
de TV, solo quedó en la cuestión del gobierno. Esos medios que luego hicieron
su fiesta de ‘Unidad’ el domingo (y
recaudaron aproximadamente 80 millones de pesos para la Cruz Roja), nada dicen
de los bancos internacionales que no pagan (por cajero o ventanilla) los planes
sociales que sostiene el Estado. Nunca informan cuanto son sus ganancias que se
triplican o cuadriplican cada año en millones de dólares que luego envían a sus
casas matrices. De eso hablaba el Financial
Times, cuando analizaba quienes deberán también poner su esfuerzo, ante la
crisis económica que viene dejando la pandemia (cantidad de desempleados). La
gente de a pie, los trabajadores, las organizaciones sociales, ya saben que no
se puede “hablarles con el corazón y que te respondan con el bolsillo”, a lo
poderes empresariales y financieros.
(1) Aparecido en el diario El independiente de La Rioja
sábado, 18 de enero de 2020
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